Adultos hispanos aprenden a leer y escribir en español en EEUU
New York. Guillermo Colín, plantado frente a la pizarra y con una tiza blanca en mano, se giró para mirar a sus estudiantes.
"Nueve
menos siete. ¿Cuánto es?", preguntó el mexicano a un grupo de hispanas,
todas entre 30 y 50 años. "Lo diré de otra manera: ¿Cuántos le faltan a
siete para llegar a nueve?"
La clase era de primaria y ocurría un
lunes reciente en el sótano de la iglesia de Nuestra Señora de
Guadalupe, en el barrio de Chelsea, en Manhattan. Al otro lado de la
sala, Liliana Gutiérrez, también mexicana, enseñaba como escribir
varias palabras que empezaban con "p" a un grupo de madres, la mayoría
del doble de edad que ella.
Estas no son las típicas clases para
adultos en las que se enseña inglés, computación o los derechos de los
inmigrantes que viven en Estados Unidos.
Son clases en las que
hispanos adultos aprenden a sumar, restar, leer y escribir en español.
Los aproximadamente 240 inmigrantes que las toman en Nueva York no
tuvieron la oportunidad de estudiar en sus países de origen porque se
vieron obligados a trabajar desde niños como consecuencia de la pobreza
o de la inestabilidad política.
Para ellos rellenar un formulario
o leer la lista de la compra que le ha encargado su jefe puede ser una
complicada tarea. Por ello, se animan a dar el salto a los libros en un
ambiente aún mucho más complejo: un país extranjero.
"Esta es
gente que tiene un trabajo pero quizás no sabe escribir", explicó Juan
Castillo, el director de UVEA, Unidad de Voluntarios para la Educación
de los Adultos. "Hay cierta inseguridad. Pero ellos han tenido el valor
de aceptar sus limitaciones".
Lo que empezó como una pequeña
organización sin ánimo de lucro que fundó Castillo hace 14 años, recibe
ahora material didáctico del Instituto Nacional para la Educación de
los Adultos (INEA), una delegación de la Secretaría de Educación
Pública de México.
UVEA es uno de los 20 programas de la red de
Plazas Comunitarias, creada por el gobierno mexicano, y que ofrece
educación básica a adultos hispanos. La Universidad de Nueva York, a
través de un convenio, ofrece asistencia técnica al programa.
Empezó
con 22 alumnos _ entre los que se encontraban mixtecos interesados en
aprender español _ y atrae ahora a trabajadores que viven en estados
como Nueva Jersey y Connecticut, que han forzado a Castillo a abrir
nueva lugares de aprendizaje allí.
UVEA abrió recientemente las
puertas de una iglesia en Harrison, Nueva Jersey, para acomodar a parte
de los más de 100 nuevos alumnos que recibe cada año en Nueva York y
sus estados vecinos, explicó Castillo. Las clases son de matemáticas,
historia, español y naturales, y se basan en el sistema educativo
mexicano para adultos, pero están dirigidas a hispanohablantes de todos
los países.
Para Hugo Xivir, un soldador guatemalteco de 31 años, los cursos de Castillo representan una oportunidad de cambiar su vida.
"Las
cartas a mis padres las escriben mis amigos", explicó Xivir, que vive
en Newark, Nueva Jersey, y lleva 12 años en Estados Unidos. "Quiero
aprender a leer las indicaciones de los aparatos que uso".
Xivir nunca estudió de pequeño en Zunil, el pueblo donde nació, forzado a trabajar para mantener a su familia.
"No
había opciones para salir adelante", explicó el guatemalteco, que
admite tener problemas para entender la factura telefónica o rellenar
una solicitud de trabajo.
Tras tres meses de clases en UVEA, dijo
que poco a poco aprende a hacer cuentas y a escribir y que en uno o dos
años quiere ir a la escuela de inglés. "Tengo que mantener a una hija
aquí".
Los 26 maestros de UVEA son voluntarios. Las clases son
gratis y se ofrecen dos días a la semana en la iglesia de Chelsea y
otros dos en un centro de Staten Island.
"Yo vi que había un
vacío, no había un lugar donde los hispanos pudieran estudiar", explicó
Castillo. "Empezamos con un grupo pequeño hasta que pedí ayuda al
consulado y recibimos el apoyo de INEA".
En 2007, casi cinco
millones de hispanos nacidos en el extranjero y con 25 años o más
tenían un nivel educativo menor al noveno grado en Estados Unidos,
según cifras del instituto de investigación Pew Hispanic Center, con
sede en Washington. Aproximadamente 3,7 millones _ es decir un 25% _
tenían un nivel educativo de escuela secundaria y tan sólo 1,4 millones
_ un 10% _ contaba con una licenciatura.
Existen 275 Plazas
Comunitarias en 32 estados de Estados Unidos y más de 2.000 en México,
explicó Juan José Serrato Velasco, director de Asuntos Internacionales
de INEA.
"Este modelo funciona porque es voluntario. Los
estudiantes van si quieren, nadie los obliga", explicó Velasco en una
entrevista telefónica desde México. "Nosotros respondemos a una demanda
de la comunidad mexico-americana".
Esa demanda le llega al
gobierno desde los consulados y es la Secretaria de Relaciones
Exteriores de México la que decide si abre una Plaza Comunitaria en
cierta región o no. En la actualidad unos 18.000 adultos reciben la
educación de Plazas Comunitarias en Estados Unidos. El programa fue
lanzado en el país en el 2000.
El modelo educativo del gobierno para adultos es un "modelo para la vida y el trabajo".
"Las
matemáticas están orientadas a enseñar a calcular los gastos diarios de
una familia, a cómo abrir una cuenta de banco", señaló Velasco, que
explicó que muchos de los tutores de las Plazas son formados por INEA.
"Nosotros
no esperamos que los mexico-americanos que toman el curso allá se
regresen a México. Lo que queremos es ayudarlos a formarse para que
tengan mayores oportunidades profesionales, para que crezcan como
personas. Entonces, en ese sentido, es una aportación del gobierno de
México a los Estados Unidos", señaló Velasco.
Para Santiago Cruz, un mexicano de 23 años, nunca fue fácil admitir su falta de conocimiento.
"Si
quieres enviar dinero a tu país tienes que saber escribir tu nombre",
dijo. "Pero cuando tienes ganas de superarte y la pobreza te agobia, el
miedo, la vergüenza y la pena se te quitan".
Cruz aún recuerda cuando, hace unos seis meses, un funcionario del consulado mexicano le pidió sus datos.
"No
supe hacerlo. Era mi dirección, teléfono, etcétera. Entonces me vi
obligado a hacer esto", explicó, refiriéndose a las clases.
Nacido en Puebla, Cruz trabaja en una tienda de bolsos en Manhattan, y acude a las clases de UVEA dos veces por semana.
Gutiérrez,
la joven profesora, es una estudiante de sicología la Universidad
Iberoamericana en México, que viajó a Nueva York temporalmente para
enseñar a estos hispanos.
"Está padre venir y ofrecerles un poco
de lo que sabemos", dijo Gutiérrez, de 22 años. "Es muy gratificante
ver cómo están aprendiendo. De hecho, ellos te ayudan a crecer a ti en
muchos aspectos".
La maestra es una más de los muchos estudiantes
de la universidad que vienen cada año a enseñar en UVEA, como parte de
un programa de voluntariado que inició Castillo.
Los estudiantes
completan los cursos de primaria en un promedio de tres años mientras
que los de secundaria en un año y medio, explicó Castillo. El plazo es
más corto que cuando uno es un niño porque los adultos cuentan con sus
experiencias de vida y básicamente necesitan "asociar conceptos",
explicó el educador.
Algunos de ellos incluso obtienen el título
de GED (equivalente al diploma de la escuela secundaria), aunque eso
depende de la Plaza, ya que el nivel de secundaria que suele enseñar el
gobierno es equivalente al "junior high school" estadounidense.
"Hemos
tenido entre 60 y 70 graduados de GED en los últimos seis años", dijo
Castillo con orgullo. "Algunos han llegado a la universidad".
Leobarda
Refugio, una mexicana de 49 años y madre de siete hijos, no necesita ir
a la universidad. Ella simplemente quiere un trabajo mejor "y más
cultura" porque sólo pudo completar un año de primaria en Puebla.
"Yo
forcé a mis hijos a sacarse la primaria y la secundaria y ahora ellos
me ayudan a hacer las tareas escolares", rió Refugio, que acude a las
clases antes de irse a trabajar limpiando una escuela en El Bronx. "Me
estoy dando yo misma una oportunidad".
Las debilidades de Chavez
La crisis política en Honduras ha mostrado los límites del poder de
Hugo Chávez en la región, ya que Latinoamérica ha depositado sus
esperanzas en Washington para que resuelva la odisea.
El presidente venezolano puso sus fuerzas armadas en alerta y declaró que el gobierno interino de Honduras "debe ser derrocado",
pero un mes después del golpe no sólo ha fracasado en tratar de reponer
a su amigo Manuel Zelaya, sino que ha fortalecido la oposición al
depuesto presidente.
Chávez dio al depuesto Zelaya el uso de un avión venezolano, al que los militares hondureños impidieron aterrizar, su canciller como compañero de viaje y las cámaras de la televisión estatal venezolana para proyección pública.
Sin embargo, cuando Zelaya necesitó ayuda para volver al poder viajó a Washington y no a Caracas. Estados
Unidos, que condenó el golpe, reclutó al Premio Nobel de la Paz Oscar
Arias, hoy presidente de Costa Rica, para buscar una solución. Las
conversaciones fracasaron cuando el gobierno interino hondureño de
Roberto Micheletti se negó a permitir el retorno de Zelaya al poder.
Zelaya
está acampado en la frontera de Nicaragua con Honduras para mantener la
presión internacional sobre el gobierno de Micheletti, algo que la
secretaria de estado norteamericana Hillary Clinton calificó de
imprudente.
Zelaya acusó a Clinton de renegar de su apoyo e
insiste diariamente ante Washington en que tome medidas más enérgicas
contra los líderes del golpe. El Departamento de Estado
norteamericano revocó el martes las visas diplomáticas de cuatro de
ellos y dijo que estaba revisando las visas de todos los funcionarios
del gobierno interino.
Mientras tanto, Chávez ha limitado su acción a instar a los
hondureños a que se amotinen para reponer a Zelaya, aún cuando las
protestas a favor del líder depuesto han sido reducidas. En cambio, el
presidente venezolano ha calificado a los líderes del nuevo gobierno de
"gorilas" y a Micheletti de "goriletti".
Este no es el papel que Chávez había avizorado desempeñar. En
una década en el poder, ha usado la riqueza petrolera de su país y su
visión de un continente unido libre del "imperialismo estadounidense" para cultivar un papel de liderazgo más allá de las fronteras venezolanas.
Chávez ha proporcionado un modelo regional para prolongar el mandato presidencial
y gobernar por plebiscito para contrarrestar la elite política y
comercial que han gobernado durante mucho tiempo, y todavía tienen en
propiedad, gran parte de Latinoamérica.
Por cierto, fue el
intento de Zelaya por llevar a cabo una votación similar, ignorando una
orden de la Corte Suprema de cancelarla, que la oposición esgrimió para
arrestarlo y echarlo del país. Los oponentes acusan a Zelaya de querer
usar un plebiscito constitucional para prolongar su mandato al estilo
de Chávez, lo que Zelaya negó.
Zelaya, un ranchero acaudalado elegido en 2005 de las filas empresariales hondureñas, pudo haberse aliado con Chávez por motivos tanto financieros como ideológicos.
El programa Petrocaribe de Chávez dio crudo a Honduras a cambio de un pago a largo plazo y muy bajo interés.
El ALBA de Chávez, de nueve naciones, al que Zelaya se unió el año
pasado, dio a Honduras 300 millones de dólares en ayuda, que la
oposición se queja de que Zelaya nunca rindió cuentas.
Los
declinantes precios del petróleo han disminuido el alcance
internacional de Chávez y en todo caso la ayuda que suministra
Venezuela palidece en comparación con el dinero que llega desde el
Norte.
El comercio entre Honduras, el cuarto país más pobre
del continente, y Estados Unidos supera los 7.000 millones de dólares
anuales. Los hondureños que viven en Estados Unidos enviaban
remesas por unos 2.500 millones de dólares por año antes de la actual
crisis económica. En total, esas cifras representan más de una quinta
parte de la economía hondureña.
La izquierda latinoamericana ha
querido que Washington se apartara de la región, después de una
historia caracterizada más por el respaldo a los golpes que a su
resolución. Obama fue elogiado por decir que Estados Unidos debía ser
un socio igualitario en Latinoamérica.
Sin embargo, el poderío
económico de Washington, y no la generosidad de Chávez, es la mejor
esperanza de Zelaya para regresar a la presidencia.
El gobierno de Obama suspendió más de 18.000 millones de dólares en asistencia militar y al desarrollo. Si cortara el comercio o las remesas, devastaría la economía hondureña.
"Estados Unidos podría terminar esto en un segundo si impusiera sanciones enérgicas", opinó Mark Jones, politólogo en la Universidad de Rice.
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